¿Que le damos a nuestros hijos?

Como madres siempre queremos lo mejor para nuestros hijos y en ese afán no hacemos más que penar por no poder darles muchas veces todo lo que necesitan más allas de lo prioritario.
No es saludable esforzarte más allá de tus posibilidades económicas para dar lo que no tenés. Es importante explicar la situación económica de la familia a las hijas e hijos, seguro que te van a comprender.
Así como reflexionar con ellas y ellos sobre la importancia de las relaciones, el amor, la comunicación, el entendimiento, la colaboración, compartir las alegrías, el juego y otras cosas, más allá de lo material.
De esta manera estás enseñando a tus hijos e hijas la gratitud, el valorar y agradecer a la vida por los amores, las amistades, por tener qué comer, por tener dónde vivir, por tener una familia.
De esta forma tus hijos, ya sean adolescentes y jóvenes valorarán estos aspectos de la vida y darán su lugar a lo material.
Seguramente hemos pasado todo el año recordando a las hijas e hijos las tareas que tienen que hacer: “dedicate a estudiar”, “ayudame en las tareas de la casa” y otras frases similares.
Debemos reconocer que en la época de vacaciones nos preocupa que tengan tanto tiempo libre, pero dar sólo orientaciones no ayuda a la buena comunicación.
Para una buena comunicación, lo primero y más importante es saber escuchar. Cuando los escuchamos podemos saber qué piensan, qué sienten, qué sueñan conseguir, qué les da miedo, qué les asusta.
momento para escucharles. Ellas y ellos van a platicarte si se dan cuenta que nos les juzgas mal, que no te asustés de lo que te cuentan. Mientras te hablan, veles a la cara y a los ojos, no arrugués la cara mientras te cuentan algo.
La primera tentación que tenemos cuando escuchamos es interrumpir y comenzar a opinar, aconsejar, desmentir o aclarar. Pero te sugerimos guardar silencio hasta que terminen de hablar.
Es importante respetar sus ideas, aunque no estés de acuerdo con ellas y ellos. Ayudales a explorar sus sentimientos e ideas, más que corregirles. Permitiles llegar a sus propias conclusiones.
Por estar en vacaciones, ya no se verán tan seguido con sus amigas y amigos de la escuela. Mucho te van a agradecer que les apoyés para encontrarse, ya sea en tu casa o en la casa de sus amistades.
A veces no queremos visitas porque pensamos que hay que atender a la gente y tal vez las múltiples ocupaciones no te lo permiten, pero tus hijas e hijos pueden atender sus propias visitas. Lo importante es la confianza que les des.
A medida que los hijos sienten un ambiente de confianza en la propia casa, en esa medida irás fortaleciendo la comunicación con ellas y ellos. Al relacionarse con sus amistades van desarrollando valores como la amistad, solidaridad, empatía y habilidades para establecer relaciones con otras personas. Eso crea en cualquier persona seguridad en sus futuras relaciones.
“En la adolescencia no hay cosas que generen mayor satisfacción y placer que encerrarse en un cuarto a escuchar música o irse al fondo del patio a platicar con tu mejor amiga o amigo. Eso es lo máximo. Como madre, abrile la puerta a sus amistades. En la medida que tus hijas e hijos no se sientan recriminados por sus amistades, se propicia un ambiente de complicidad y confianza con ellos.
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